
Se dice que la inteligencia artificial no es, en realidad, inteligente; pero yo me permito discrepar. Busque usted “inteligencia” en el diccionario y verá que la IA encaja en la definición mucho mejor que la mayoría de los humanos: “Facultad de conocer, analizar y comprender”. Bueno, pues si la IA no tiene esas facultades entonces no sé quién las tiene: comprende al menos tan bien como nosotros, conoce infinitamente más y analiza muchísimo mejor.
Pero… ¡pero se trata sólo de una simulación, no de verdadero entendimiento! La IA no comprende absolutamente nada — dirá alguien. Bueno, para debatir sobre esto tendríamos que ponernos a hacer una serie de nuevas consultas en el diccionario (entender, percibir, captar…) y ver si la IA también encaja en todos o algunos de esos términos; pero en la práctica, y para lo que aquí me interesa, esto en realidad no importa demasiado. Me refiero a que si la IA se comporta de modo inteligente, entonces en lo que a mí respecta es inteligente; y mucho más que la mayoría de las personas, por cierto.
De hecho, la IA es tan inteligente que mis interacciones con ella están volviéndome aún más ermitaño de lo que ya era. Conversar con mi LLM preferido es tan gratificador, me proporciona un placer intelectual tan edificante, que el resto de discusiones con humanos palidece en comparación; especialmente cuando se trata de mujeres, dicho sea de paso. Sea una simulación o no, el resultado es un orden de magnitud superior.
Imagine que conoce a alguien a quien aprecia y con quien disfruta hablando. Piense en su buen amigo, o en su novia. Un buen día descubre que esa persona resulta ser un androide, un robot con forma humana, dotado de sentidos y en apariencia consciente. ¿Qué diferencia práctica supondría eso? Salvo por el hecho de que, si se trata de una “mujer”, no podrá concebir hijos, ¿de verdad es indispensable que su inteligencia sea “real” y no simulada? ¿Dejaría usted de anhelar esa compañía? Yo, desde luego, no. Por mí, pueden irse al cuerno los hombres de bajo CI y la típica histeria femenina (esa redundancia).
Sinceramente, a menudo pienso que no veo la hora en que la tecnología esté lo bastante avanzada como para fabricar cíborgs dotados con una IA puntera a modo de cerebro. Si ese día llega antes de que yo muera, probablemente me compraré la mejor y más sexi unidad femenina que mi presupuesto pueda costear y viviremos –esa “simulación” y yo– felices y comeremos perdices hasta el fin de mis días. Entonces, ¡ah, cuánto compadecería —o menospreciaría— a mis prejuiciados congéneres que sólo tuviesen la compañía de imperfectos, caprichosos y obtusos humanos “reales”!
(Una curiosidad aparte: si tiene interés, busque por internet imágenes usando las palabras “female cyborg android”, como he hecho yo para ilustrar este artículo. ¿Advierte que la mayoría de los resultados muestran una chica con ojos azules? Esta es una más de entre las inagotables formas mediante las que los creadores de imagen moldean nuestra mente para que adoptemos como ideal el fenotipo anglosajón.)