La omnisciencia y el pensamiento son facultades incompatibles. La primera es única, inmutable y estática; constituye per se un equilibrio estacionario, y por tanto no tiene una proyección temporal: al abarcar en sí misma todo el espectro del tiempo, se sitúa en cierto modo más allá de él. El pensamiento, por el contrario, tiene un carácter dinámico y variable; nunca es idéntico a sí mismo. Como todo móvil, requiere de un desequilibrio para producirse (en este caso, el desconocimiento), y su dimensión es sobre todo temporal, proyectándose siempre hacia el pasado y el futuro (que es además, por definición, ignoto). Por tanto:
Un ser que piensa -un dios, pongamos por caso- no puede ser omnisciente.
Un ser omnisciente -un dios, pongamos por caso- no puede pensar.
-
Últimas entradas
- Norteamérica 51. Una pareja encantadora, un bosque encantado y un motelero imbécil
- Norteamérica 50. Dos días con Steve; el falso ecologismo del Gobierno
- Norteamérica 49. Una buena racha acaba en Corvallis; las mancilladas dunas de Florence
- Norteamérica 48. El bendito Wayne y su encantadora familia
- Norteamérica 47. Bob el devoto y la sensacional garganta del río Columbia
- Norteamérica 46. Un hostal de recolectores clandestinos; inesperada pernocta en casa particular
- Norteamérica 45. Consejos de un taxista y reflexiones sobre los youth hostels
Destacados
Filtrar entradas por temas
Buscar palabras en cualquier entrada
Que viene a ser una interpretación metafísica de nuestro dilecto amigo Heisenberg.