Universidad de Cádiz, “sí que sí”

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Hace poco, un buen amigo, viejo compañero y antiguo alumno de la Universidad de Cádiz, para la que ahora precisamente trabaja como profesor asociado, me decía: «Aunque te parezca mentira, en Cái la universidad sí que sí. Informáticamente, estamos a nivel europeo». Siempre fue un tipo irónico.

En efecto, la Universidad de Cádiz -¡qué bien lo sabe mi amigo!- es un desastre informática, administrativa y, según él, también académicamente. A mí esto último no me consta, pero sí lo anterior. Su web es caótica y confusa, con tal maraña de menús y submenús, enlaces y subenlaces, ambiguos directorios, trámites duplicados o contradictorios, etc, que hasta el usuario más espabilado necesita al menos una hora de investigar, a base de ensayo y error, para dar con el remoto rincón donde se encuentra lo que quiera que esté buscando. Además, la plataforma software de para gestiones online es tan poco versátil que resulta casi hermética: en sus esfuerzos para hacerla inservible, los ingenieros informáticos de la UCA no han dejado más que un pequeño hueco por donde poder pillarla… esto, en el caso de que seas un usuario avanzado, porque, si no, lo llevas claro.

Y, así, para solicitar online un duplicado de mi título, me habría resultado más rápido, como mi amigo me sugirió sin ninguna exageración, ir andando desde mi pueblo hasta Cádiz y hacer la gestión en persona, porque, tras dos días de dificultades para superar por fin los obstáculos técnicos (que son al fin y al cabo, no lo olvidemos, también humanos) y enviar correctamente mi solicitud, resulta que ésta emerge al otro extremo del universo cibernético frente a un funcionario que me contesta con un breve correo donde se limita a decirme que esa gestión, mejor, la haga personalmente. Un puro despropósito: no sólo no se está atendiendo al ciudadano, sino que se le hace perder el tiempo infructuosamente.

Ahora, eso sí: seguro que alguien ha cobrado una millonada por diseñar el sistema. En eso se van nuestros impuestos.

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Acerca de The Freelander

Trotamundos, apátrida, disidente y soñador incorregible
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