Si Chuan. Una ventana a la China real

China es un país contradictorio e impredecible, que renuncia gustoso a un vastísimo pasado cultural milenario para abrazar con entusiasmo indiscriminado los valores más alienantes del mundo global, pero donde aún coexisten ambas civilizaciones, con sus respectivas escalas de valores, tan opuestas. Las supersticiones espirituales y el animismo se ven enfrentados al materialismo creciente; el taoísmo cae en desuso frente a la veneración por el dinero; los milenarios modos de vida tradicionales ceden frente al cemento, el microondas y la electrónica… y a nadie parece importarle un bledo. Incluso el comunismo en China es de mentirijillas, y está presente sólo como instrumento para adoctrinar y dogmatizar, pero no como modelo productivo, que allí es despiadadamente capitalista y competitivo. La población en masa coincide en que Mao no hizo nada bueno, pero aun así se lo venera.

China es, principalmente y sobre todo, ruido; pero también desperdicios, despilfarro, polución y suciedad. Sin embargo, en medio de todo eso, la población es aún alegre, afable, muy sociable, desenfadada, y conserva pocos pero relevantes valores tradicionales, como por ejemplo el respeto a los mayores, o la sumisión de las mujeres. No obstante, como en cualquier parte, las ciudades van siempre “por delante” (suponiendo que los nuevos valores sean un “adelanto”). Y la comida es en todo momento y lugar una babel de colores, sabores, variedades, sorpresas; tanto que, en ocasiones supone un desafío para los paladares menos maleables.

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Trotamundos, apátrida, disidente y soñador incorregible
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