La omnisciencia y el pensamiento son facultades incompatibles. La primera es única, inmutable y estática; constituye per se un equilibrio estacionario, y por tanto no tiene una proyección temporal: al abarcar en sí misma todo el espectro del tiempo, se sitúa en cierto modo más allá de él. El pensamiento, por el contrario, tiene un carácter dinámico y variable; nunca es idéntico a sí mismo. Como todo móvil, requiere de un desequilibrio para producirse (en este caso, el desconocimiento), y su dimensión es sobre todo temporal, proyectándose siempre hacia el pasado y el futuro (que es además, por definición, ignoto). Por tanto:
Un ser que piensa -un dios, pongamos por caso- no puede ser omnisciente.
Un ser omnisciente -un dios, pongamos por caso- no puede pensar.
-
Últimas entradas
- Norteamérica 9. Miradas y gestos: quién no recoge al autostopista
- Cómo Stalin quiso acabar con el poder dual en la URSS
- Norteamérica 8. Larder Lake y la variada concurrencia del Windsor Tavern
- Ojalá la gente razonase como lo hace la IA… o la mitad de bien
- Norteamérica 7. Un inglés estrafalario y suerte en la carretera.
- Norteamérica 6. Un israelí fanfarrón, excursión a Niágara y llegada a Orillia.
- Norteamérica 5. Extraños compañeros de albergue y un ride a Toronto
Destacados
Filtrar entradas por temas
Buscar palabras en cualquier entrada
Que viene a ser una interpretación metafísica de nuestro dilecto amigo Heisenberg.