Elciego y comarca, cuna del Rioja

Es pleno verano. Desde el alto que hace de frontera sur a la llanada alavesa se contempla hacia abajo, majestuoso y feraz, cálido y reverberante, el valle del Ebro; en concreto esa parte de la Rioja que cae dentro de la provincia de Álava, en cierto modo un despropósito territorial, pues todo el apéndice sur de Álava es, como Treviño, más castellano que vasco (como castellana ha sido siempre Logroño hasta que llegó la bobada autonómica).

Valle del Ebro al pie de la llanada Alavesa

Valle del Ebro al pie de la llanada alavesa

La carretera que, desde Vitoria, lleva hacia el alto y luego desciende hasta el valle, es una gozada de curvas que ponen a prueba la destreza del motero. A medida que avanzo, el calor de la olla ibérica se hace notar, y ya abajo, en la campiña, tengo que quitarme la chaqueta para no asarme.

Samaniego

Samaniego

Mi primera parada en la ruta de hoy es Samaniego, municipio que tuvo antaño importancia como aldea avanzada de las fortificaciones occidentales de Laguardia (plaza fuerte de la época), fronteras con la Sonsierra navarra; aunque de las murallas y los castillos de entonces sólo queda ya un torreón junto al que, posteriormente, se construiría la iglesia.

Iglesia de Samaniego

Iglesia de Samaniego

Hoy un pueblo soleado de anchas y tranquilas calles, desde la paz que trajeron los castellanos al final de la edad media Samaniego lleva siglos volcándose sobre el cultivo de sus viñedos y la elaboración de buenos vino riojanos.

Una soleada calle de Samaniego

Una soleada calle de Samaniego

Un poco al sur, apenas a una legua, me encuentro con Villabuena, un curioso municipio sobre el fresco y umbrío Herrera, de bello trazado y mucha piedra, del que dos detalles me chocan: uno es su moderno y pretencioso barrio cubista, que, vecino a la iglesia, rompe la armonía arquitectónica tradicional de sillares y teja (aunque no faltará, por supuesto, quien lo halague y diga que más bien la acentúa o incluso la embellece; gente hay para todo); una mamarrachada, obra de algún arquitecto apadrinado con dineros públicos. Lástima, porque el pueblo es, por lo demás, encantador.

El barrio modernista de dudoso gusto, junto a la iglesia en Villabuena

El barrio modernista junto a la iglesia en Villabuena

Otra vista del mismo barrio

Otra vista del mismo barrio

El otro detalle es el nombre vasconizado del pueblo, objeto de bastante polémica en su momento; y es que, en su ciega cruzada orwelliana por reinventar el pasado y camuflar el presente a base de borrar todo rastro de la historia, los ilustres concejales de Villabuena acordaron, para engaño general, vasconizar el que fuera su nombre anterior, Villaescuerna, convirtiéndolo en Eskuernaga. Y se quedaron tan anchos.

Ermita a las afueras de Villabuena

Ermita a las afueras de Villabuena

Dejo las empinadas y reviradas calles de Villabuena y, ya rozando la raya logroñesa de la Rioja, ensarto en el rosario de mi ruta otro pueblo; uno que no necesita publicidad ni mucha descripción, por ser de sobra conocido: se trata de Elciego, ahora renombrado a Zieko o Eltziego por la rencorosa censura independentista. La verdadera etimología del nombre se pierde en la leyenda y no halla consenso entre los lingüistas: unos que si viene del vascuence, otros que si del latín, y no quieren acordar. Un acta testamentaria del s. XI, redactada en latín, rezaba más o menos así: En el nombre de Cristo nuestro Redentor, yo, el señor Aznar Díaz de Cieco, movido por el amor a Dios e impulsado por el recuerdo de mis pecados, dispongo libremente donar, por la gloria de Dios, algo de lo que El tan abundantemente me ha dado. Por eso otorgo y cedo, en honor del confesor de Dios San Emiliano, a ti Abada Blasco y a los que habitan en el monasterio contigo, mi propio palacio que tengo en El Cieco con todas sus heredades, tierras, viñas, molinos…

Plaza de Elciego

Plaza de Elciego

Por otra paret, según los entendidos, en la toponimia de la Rioja Alavesa tiene muy poca influencia el vascuence porque esta comarca tuvo sustato étnico celta, fue luego profundamente romanizada y, aunque en la edad media recibió población vascófona, ésta quedó muy pronto romanceada. De todos modos, ¿alguien se imagina a los madrileños cambiándole el nombre a su ciudad por Majerit, o a los extremeños volver Badajoz a Pax Augusta, en nombre del rigor histórico? Pamplinas.

Banderas nacional y nacionalista en el balcón del ayuntamiento, Elciego

Banderas nacional y nacionalista en el balcón del ayuntamiento, Elciego

El pueblo de Elciego, conocido por cierta bodega riojana de mucho renombre y arquitectura vanguardista, y más otra docena de ellas no tan famosas, data al menos del siglo XI, y está en su tradición sentir gran orgullo por haber comprado el título de villa en 1583 para segregarse de Laguardia, obteniendo así derecho a horca, picota, cuchillo, cárcel, cepo e todas las otras insignias de jurisdicción. Se ve que este anhelo autonómico no es cosa de nuestros días, sino que va en los genes ibéricos desde tiempo inmemorial. No obstante, y pese al sacrificio económico de sus antepasados, a mediados del s. XIX pertenecía Elciego al partido judicial de Laguardia, a la capitanía general de las Provincias Vascongadas, a la audiencia territorial de Burgos y a la diócesis de Calahorra, según el diccionario Madoz.

Lo que no parecen hacer los vecinos de Elciego mejor que cualquier otro español, con autonomía o sin ella, es eso de respetar a los vecinos, y aparcan algunos sus coches en la calle como se ve en esta foto. Me pregunto si los policías municipales miran hacia otro lado cuando pasan por aquí.

Siempre hay un vecino irrespetuoso

Elciego hace gala de respeto vecinal

Y como leer el Madoz es siempre una experiencia refrescante y nostálgica, una campanada histórica, un encuentro con la vida costumbrista de hace siglo y medio (cuyos ecos aún pude vivir yo en aqella España de mi infancia), aquí dejo otras notas curiosas sobre Elciego en esa época: tenía 238 casas y una escuela a que concurrían 100 alumnos de ambos sexos dotada con 3,300 reales. Su iglesia parroquial, de San Andrés Apóstol, estaba servida por cuatro beneficiados de ración entera, dos de media y cuatro de cuarta, todos perpetuos, y por dos sacristanes, dos monaguillos y un organista.

Ruta por la Rioja Alavesa

Ruta por la Rioja alavesa

Y ese mismo siglo, mientras Madoz recopilaba datos para su diccionario, supuso para Elciego y la comarca un afianzamiento económico muy perdurable: siendo los mayores productores de vino de la zona, se propusieron industrializar su producción y crearon para ello una sociedad que propició las mejoras tecnológicas necesarias, que dieron lugar al nacimiento del vino de Rioja. Camilo Hurtado de Amézaga, Marqués de Riscal, fue pionero en rentabilizar los proyectos de dicha sociedad y puso las bases para una verdadera industrialización vitivinícola al estilo bordelés.

Atardece en la Rioja Alavesa

Atardece en la Rioja Alavesa

Ya voy de regreso a Vitoria y, con el radiante sol del ocaso estival alargando las sombras y poniendo en el paisaje tintes rojizos, como luz que atraviesa un vino añejo, me detengo aún en dos pueblecillos de la comarca: Navaridas y Leza, cuya quietud y humildad me transportan, mientras exploro su media docena de calles, a una infancia rural de patios y macetas, viejas enlutadas, gatos recelosos, y otras imágenes que llevo siempre muy dentro del corazón.

Navaridas

Navaridas

Tienen estas localidades fértiles tierras que desde muy antaño se disputaron pueblos fronterizos: celtas y romanos primero, cristianos y árabes después, castellanos y vascones por último.  Hoy, en cambio, sus tranquilas calles apenas ven otra actividad que el trajinar de los pocos vecinos que aún habitan aquí, trabajando sus dorados viñedos.

Rosaura junto al portal de un viejo caserón en Navaridas

Rosaura junto al portal de un viejo caserón en Navaridas

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Trotamundos, apátrida, disidente y soñador incorregible
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