Lunes, 4 de agosto. Chisasibi
Primeras horas de la tarde. Anoche, después de escribir lo último, estuve un buen rato hablando con Henry y Violet. En la isla había baile, pero no me apetecía ir. Durante nuestra conversación salió el tema de la vida subsidiada y ociosa de los nativos. Cuando les dije que me parecía una manera de promover la pereza, me resultó curioso que Henry, de una forma casi apasionada, se mostrase totalmente de acuerdo.
Al levantarme esta mañana ya tenía prácticamente decidido quedarme por aquí un día más: en lugar de irme hoy, aprovecharé el ofrecimiento de Lawrence para dormir en su sótano, darme una buena ducha y despedirme tranquilamente de Barbara. Mañana partiré temprano hacia el sur. Hoy he tenido un delicioso desayuno junto a los Bates, a base de café y de los dulces que me sobraron en la cena de ayer tarde. Después recogí mis cosas, levanté la tienda y los ayudé a desmontar sus tipis. A eso del mediodía me he venido a Chisisasibi en el bote de Henry, dando un delicioso paseo por el río mientras, compungidos, mirábamos elevarse por encima del bosque, sobre la orilla norte, una columna de humo procedente de algún incendio lejano. Nos acompañaban también Violet y Anthony, el hijo de una atractiva divorciada que vive en la Columbia Británica y que pasa aquí sus vacaciones.
La casa de Lawrence es bastante buena; su sótano, fresco y espacioso; su hija y su sobrina, adolescentes y guapas; su sofá, cómodo; y todo estaba limpio. Una refrescante ducha después de tres días de campo me ha dejado como nuevo. Y aquí estoy, por fin con el diario actualizado.
Me han resultado curiosos algunos giros idiomáticos de esta gente. En lugar de my home dicen my place, quizá porque los indios no tenían “hogar” propiamente dicho. O, para decir que alguien ha muerto, en lugar de usar el verbo to die usan to pass away, lo que denuncia una creencia en la reencarnación o en una vida en continua fusión con la naturaleza. [Hoy mi nivel de inglés ha mejorado mucho con los años, y veo que estas conjeturas mías no tenían fundamento, ya que dichos giros son muy comunes.] Otro detalle de lo más curioso es que estos indios, al igual que los centroamericanos, señalan con los labios en lugar de con el dedo. Quizá se trate de algún rasgo ancestral.
Esta tarde hemos pasado un rato bastante entretenido, baldeando en el río la canoa de Henry, chapoteando en el agua -fría como el hielo- y haciendo bufonadas. Luego nos acercamos con el coche hasta un lugar destacado para observar la evolución de los incendios. Ya no hay dos columnas de humo, como a mediodía, sino tres. Después he estado un rato donde Barbara, donde me ha presentado a su hermana -una mujer simipática, más guapa y menos gorda que ella- y al novio. Ahora escribo en Lawrence’s place, donde quizá me quede unos días para ir de pesca el fin de semana, como me ofreció. Llevo horas intentando decidirme sobre esto.
Martes, 5 de agosto. Mismo lugar.
Pues al final no he tenido que decidir sobre la cuestión que me ha tenido dudando durante las últimas 24 horas: se ha resuelto por sí sola: no hay viaje a la pesca. Al parecer, James, el tío de Lawrence en cuyo bote íbamos a ir, no tiene espacio para llevarme. Bien podía haberlo dicho antes, pues de haberlo sabido me habría ahorrado este último día aquí, que ha sido de lo más aburrido. En fin, quizá este cambio de parecer de James, aunque me ha sonado extraño, me haya venido bien, porque creo que en el fondo me apetecía más marcharme ya. Además esta mañana me he enterado de que hay un tercer habitante en esta casa (o tal vez debería decir primer habitante, porque por lo visto es el dueño): se trata de Charlie, el hermano de Lawrence. Parece ser que no habla con nadie desde hace años. De hecho, esta mañana lo saludé tres veces (creyéndolo un poco sordo) y no me contestó. Una razón más para largarme de aquí, porque, así las cosas, no creo que a Charlie le haga mucha gracia mi presencia. Lo enigmático de todo este asunto es que Lawrence no me haya mencionado antes a su hermano para nada, ni me haya advertido de su rareza; aunque la verdad es que él también es un poco raro.
Me llevo una sensación un poco decepcionante de estos indios en lo que a limpieza se refiere: no ya respecto al desorden que reina en sus casas, sino que no cuidan nada ni su ciudad ni su tierra, y cualquier cosa que les estorbe en las manos (desperdicios, envoltorios, etc.) la arrojan a la calle o al campo, dejándolo todo hecho una verdadera guarrería. Desde mi punto de vista, esto le resta mucha fuerza a sus protestas contra las hidroeléctricas con el argumento de que “deterioran la tierra y el medio ambiente”. Los jóvenes, en especial, están muy mal educados; aunque tal vez debería decir, simplemente, que no están educados. Y, hablando de jóvenes, otra idea negativa que me llevo atañe a la hospitalidad: mientras que la gente mayor es bastante hospitalaria, la juventud tiene una actitud más bien hostil, o incluso despectiva, hacia los forasteros.
Ya me he despedido de todos. Primero, de Barbara, que ha sido la más generosa, la más desinteresada y afable de cuantos he tratado aquí. Un poco ingenua, quizá su gordura y el trato un poco humillante que su marido le prodiga sean las circunstancias que la hacen tan humilde, aunque puede que sea al revés, porque la verdad es que todas estas gentes son en general bastante humildes. Barbara también ha sido quien me ha prodigado la despedida más sentida y calurosa. Después dije adiós a Violet y Henry; el tranquilo y bienhumorado Henry, aunque bastante menos afectuoso; no sólo conmigo, sino en general. Por último me he despedido de Jacob, en cuya casa hemos estado Lawrence, Violet y yo cerca de dos horas viendo una peli, bromeando y proponiéndonos mutuamente problemas de lógica; como si no estuviésemos despidiéndonos para siempre. Jacob el gentleman, que cuando fuma en su propia casa sale fuera para no molestar. Me ha regalado un pin muy bonito que pone “Cree nation of Chisasibi” [acabo de darme cuenta de que hace muchos, muchos años que no he vuelto a ver ese pin por ningún lado, así que con toda seguridad lo habré perdido; una lástima]. Después, un nuevo adiós a Violet y eso ha sido todo… salvo que mañana no encuentre quien me devuelva a la civilización.